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22 de marzo de 2019

Marga Gil Roësset

El dolor de una artista


Existen almas singularmente permeables a la vida cuya extrema sensibilidad se cobra un difícil precio y que a menudo sucumben a la intensidad de sus sentimientos. Marga fue una niña con unas actitudes extraordinarias para la ilustración, la escultura y la poesía que sorprendió a expertos y críticos de la época. Pero Marga Gil Roësset apenas tuvo tiempo de esbozar inquietantes ilustraciones deudoras de Aubrey Beardsley y de esculpir un puñado de grupos escultóricos y de bustos (entre ellos el de su amiga Zenobia Camprubí) mujer de Juan Ramón Jiménez y la causa última de su prematuro adiós al estar desesperadamente enamorada del poeta.
"Si tú, espontáneamente, me dieras un beso... y me atrajeras... así... estrechamente... dejándome... oír en tu pecho latirte el corazón... y un poco también la plata de tu voz... Sería glorioso... luego de esta plenitud ¡qué contenta! ...Pero tengo bastante miedo... me parece que tendré que morirme triste... sin beso... ni corazón... ni voz de plata... ni versos... ¡ay!".
Pero, ¿quién era esa mujer que con 13 años dibujaba con maestría barroca y a los 15 esculpía con la misma facilidad y técnica que un consagrado a la piedra durante años? Marga Gil Roësset nació en un difícil parto en Las Rozas, a las afueras de Madrid, en 1908. Su madre Margot desoyó al médico y se empeñó en sacarla adelante. No solo alargó la vida de su segunda hija hasta que ya no pudo decidir su destino, también le inculcó la pasión por las artes. La chica viaja, asiste a conciertos, habla cuatro idiomas y pone con doce años dibujos al cuento "El niño de oro" de su hermana Consuelo. Pero pronto Marga empieza a inclinarse por el lado de la escultura, por lo cual sus padres antes de poner cualquier adjetivo a su obra, deciden llevarla al taller del maestro Victorio Macho, precursor de la escultura contemporánea española, para que terminara de encaminar esas manos, pero Macho no aceptó a la joven artista como alumna para no interferir con su gran talento creativo. Así Marga siguió trabajando sola un arte libre, sin normas, sin grandes influencias, con la mirada hacia adentro para crear su propio estilo de una genialidad destinada a un futuro prometedor.

         
                                                                                                                                                    Pero el destino, tan caprichoso el, hace que Margarita y su hermana Consuelo fuesen admiradoras del poeta bengalí Rabindranath Tagore y de su traductora Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez. Así que en 1932, en el intermedio de una velada musical el fatal destino hace que ella sea presentada al poeta y a su esposa. A ella le hará un busto, una de las pocas obras conservadas de toda la producción de Gil Roësset, y al poeta le dará su amor más arrebatador.
Margarita y su hermana Consuelo
Aquella muchacha antes impetuosa y alegre va poco a poco enloqueciendo de amor, descuidando a la velocidad de un sueño imposible la cordura de su trabajo. Deja de comer. Desbanca los horarios. Irrumpe en el desvelo. Esculpe, cuando los demonios de su rebelión se lo permiten. Escribe. Dibuja. Toma fotografías de sus esculturas. Lo que comienza como un gozoso tormento va adquiriendo la contundencia desamparada de una travesía por el desierto. Juan Ramón no quería, no quería que le quisiese, no quería que descompusiera su vida pero quiere ayudarla en su formación como artista. -"Tienes que irte a París o Londres, (le dice el poeta), y conocer a los grandes artistas, y aprender de ellos"-. -"¿De verdad quieres que me vaya?"-, responde, desolada, y escribe en su diario: -"Me parece que tendré que morirme triste ... sin beso ... ni corazón ... ni voz de plata ... ni versos ... ay! Imaginar ... siempre imaginar... y yo no sé si en ese momento sabré engañarme aún … o me moriré de pena"-.
Al cabo de pocos meses, a Marga se le acaba la cuerda. No está preparada para soportar más desvelos por el amor de alguien que nunca sería. Dedica sus últimos días a destruir su obra. Destroza esculturas y fotografías, quema dibujos, rompe poemas. Prepara una carta de despedida a sus padres, otra a su hermana y una más a Zenobia Camprubí. A Juan Ramón le deja un sobre con 68 páginas a modo de diario de sus últimos días con una advertencia: "No lo leas ahora". Un 28 de julio de 1932 Marga Gil Roësset toma un taxi hacia una residencia familiar, pide la llave a la guardesa y se dispara en la sien con un revólver. Tiene sólo 24 años y su vida acaba con un repentino fundido en negro.

     

Juan Ramón que guardó durante años estas estremecedoras hojas como si de un tesoro único se tratara quedó destrozado, el estupor, la amargura y el silencio, sobre todo el silencio, se adueñaron del poeta. Leía su pequeño manuscrito, lo corregía, agregaba fotos y dibujos de Marga y poemas suyos... Decidió desde el principio que publicaría un libro conjunto en memoria y homenaje a Marga que se llamara así, "Marga", pero el poeta tardaría bastante en hablar y escribir sobre ella, primero sin mencionar su nombre y luego ya, en los años 40, más abiertamente en su libro "Españoles de tres mundos" -"Si pensaste al morir que ibas a ser recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida"-.

Zenobia Camprubí también quedó tocada por todo esto. En la edición de "Marga" se incluyen algunas páginas escritas por ella, con la intención de poder dibujar un retrato literario de la desaparecida amiga. -"Marga, quiero contar tu historia, porque tarde o temprano la contarán los que no te conocieron o no te entendieron. Quiero decir las cosas como fueron, sin añadirle ni quitarle en lo más mínimo a la verdad, para que los que lean las falsedades puedan referirse a lo mío y separar lo falso de lo cierto de modo que figures como eras: apasionada y sana, insegura y heroica-, escribía al inicio de ese boceto dedicado a su amiga. El poeta también incorporó una extensa misiva de Marga a Zenobia: -"Zenobita... vas a perdonarme... ¡Me he enamorado de Juan Ramón! (...) le he dicho... que le quiero... ...y le he pedido que se case conmigo; ...¡estaré loca!... pero como él... te quiere ¡te quiere!... pues me ha dicho... que no... que nunca"-. La misiva concluye con un ruego: -"Perdóname Azulita... por lo que si él quisiera habría hecho"-.
En el ánimo del poeta de Moguer y de su mujer, Zenobia Camprubí, perduraría el fantasma de aquella joven carismática y talentosa que había frecuentado el domicilio de la pareja y que les abandonó tras dejarles una desoladora tristeza y un profundo pesar de no haber visto a tiempo como el negro destino se abatía sobre la joven artista.
Fue enterrada en el cementerio antiguo de Las Rozas, pero una bomba de la Guerra Civil cayó allí y destruyó únicamente su lápida como si de nuevo el destino quisiera ayudarla a borrar todo vestigio de ella misma.

SOL Y ROSA
Rosa completa en olor.
Sol terminante en ardor.
Serenidad de lo uno.
(Rompevida del amor).

Tú queriendo y sin poder.
Yo pudiendo y sin querer.
¡Pobre rosa con el hombre!
¡Triste sol con la mujer!

(Juan Ramón Jiménez)










28 de junio de 2018

El libro de Aurora

Autora: Aurora Bernardez                                                        Editorial: Alfaguara                                                                      Nº página: 288



Puede que para muchos el nombre de Aurora Bernárdez (Buenos Aires, 1920-París, 2014) no les suene mucho, pero si les digo que Aurora Bernárdez Novoa fue una eximia traductora de grandes escritores y, sobre todo, la primera esposa de Julio Cortázar, con el que vivió desde 1952 hasta 1967, heredera universal y su albacea literaria del escritor argentino nos iremos situando en el perfil de una mujer que vivió un amor inquebrantable hacia cultura en general y hacia la obra y la persona de Julio Cortázar en particular.
Su vida estuvo marcada por la literatura, la música y el arte, y sus recuerdos resultan fundamentales para profundizar en esa época y en el descubrimiento personal de uno de los escritores más importantes de la literatura en español. Pero ella también se revela en este libro como autora, tal como demuestran sus diarios, narraciones y poemas publicados en "El libro de Aurora".
Férrea guardiana de su intimidad, este interesante libro nos ofrece en primera persona el testimonio emocionante de toda una vida dedicada a la literatura, y una ventana a su propia y desconocida obra que permaneció oculta por voluntad propia. Las razones de esa clandestinidad literaria fueron el hermano mayor de Aurora, el poeta Francisco Luis Bernárdez, y naturalmente Julio Cortázar. Dice Aurora en la entrevista que le realizo el compositor, cineasta y amigo Philippe Fénelon: "No podía competir. No podía hacer lo que hacían otros porque no podía caer en el ridículo".
No debió resultar fácil a una mujer inteligente y con talento como Aurora Bernárdez ser la discreta sombra de su marido. Por mucho que este se llamara Julio Cortázar y fuese unánimemente considerado como un genio. Con una calidad en sus escritos que era un secreto a voces, este libro hace justicia y vence el pudor de la propia autora, quien nunca se animó a publicar en vida y tal vez su legado se hubiera perdido para siempre si no fuese porque la acertada intervención de sus herederos impidió que los papeles de Aurora Bernárdez fuesen destruidos.

Como ya hemos dicho, el libro recoge 80 poemas llenos de elegante sensualidad y asordinado dolor. 8 cuentos cortos que recuerdan a los de Cortázar y los de Silvina Ocampo, su amiga, con los que compartía el gusto por el humor siniestro, los personajes infantiles perversos y las historias de familia falsamente ingenuas. Diferentes reflexiones sobre viajes, la cultura y la vida, y una extensa entrevista donde Aurora se abre para contarnos algo muy parecido a sus memorias.

En definitiva, para los fanáticos de la literatura en general, "El libro de Aurora" nos permite descubrir a una escritora que aprovechó sus apasionadas lecturas para metabolizarlas en un nuevo material con voz y talento propios. Es la prueba de que existe cierta pureza en las palabras de quienes no saben con certeza si alguna vez su obra llegará a algún lector. El suyo es un trabajo de humildad que golpea cada página, cada verso y cada escena de su vida.

POEMAS

"La tarea de escribir"
Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.
Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.
¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

"Muerte de los tulipanes"
(Para Martha)
Aún corren en la seda tersa de los pétalos
lentos jugos de vida.
En los bordes se encrespa el mineral, la dorada
frágil lápida que anuncia una vez más
«Efímero es lo bello».
Perdura su recuerdo en la tenue memoria,
en las flores escritas,
túmulos de papel, deleznable materia;
otros ojos que éstos leerán
«La belleza es eterna».
Es la última danza, los tallos adoptan
posturas de abandono,
blandas curvas del verde
desperezándose
en postrera voluptuosidad.
En el fondo del vaso
el agua se enturbia,
la demolición prepara
su fértil ciénaga.

"Abrazo"
Un temblor en la raíz,
una exasperación en la voz,
y el pavor ante el vacío que jadea,
el impulso de saltar
para no alcanzar la otra orilla,
para no arribar nunca a puerto.
Sobre la cabeza estallan las palmeras,
el cielo se incendia de azul,
el silencio cubre un quejido.
No hay puerto sin amarras.

Y para terminar os contaré la ultima y gran historia de amor entre Julio Cortázar y Aurora Bernárdez. Después de años marcados por el amor y la amistad, ambos se reencontraron por última vez en una historia digna de la talla de Cortázar.
Esta historia increíble data de 1956, cuando Cortázar y Aurora viajaron a la India y vieron en directo una ceremonia fúnebre tradicional hindú, que consiste en la cremación. Horrorizado por ese espectáculo, Cortázar instruyó a quien en ese momento era su esposa: -"No quiero eso para mí "-; -"Yo tampoco"-, le respondió ella, según relata Luis Corradini en La Nación. Así, ambos se definían en contra de la incineración de sus cuerpos, apostando por el entierro de los mismos.
Pero cuando Cortázar fallece en 1984 es enterrado junto a su última esposa Carol Dunlop en el cementerio de Montparnasse. Así entonces, Aurora Bernárdez veía imposibilitada su anhelo de ser enterrada junto al cuerpo de Cortázar, ya que la capacidad del lecho estaba colmada. María Alejandra Bernárdez, su sobrina, en las conversaciones que mantuvo con las 60 personas que asistieron a la ceremonia comentó la decisión que tuvo que tomar la familia Bernárdez para realizar ese deseo: quemar el cuerpo de Aurora, para que pudiera caber en la estructura y así no distanciarse de Cortázar, aunque tuvieran que pasar por encima de la decisión tomada en 1956 junto al escritor. El cariño había torcido la balanza a la hora de tomar esa decisión: el interminable cariño hacia Cortázar y el afecto a su amiga, Carol Dunlop hicieron el relato de un hermoso cuento.

34 años de su fallecimiento, Cortázar sigue escribiendo historias alrededor de su figura, colmadas de azar y amor. La muerte de Aurora Bernárdez quizás haya sido el último gran relato del gran cronopio. O tal vez no.

22 de mayo de 2018

Lord Byron

"Hubo un tiempo...¿recuerdas?"

Hubo un tiempo...¿recuerdas? su memoria
Vivirá en nuestro pecho eternamente...
Ambos sentimos un cariño ardiente;
El mismo, ¡oh virgen! que me arrastra a ti.
¡Ay! desde el día en que por vez primera
Eterno amor mi labio te ha jurado,
Y pesares mi vida han desgarrado,
Pesares que no puedes tú sufrir;
Desde entonces el triste pensamiento
De tu olvido falaz en mi agonía:
Olvido de un amor en armonía,
Fugitivo en su yerto corazón.
Y sin embargo, celestial consuelo
Llega a inundar mi espíritu agobiado,
Hoy que tu dulce voz ha despertado
Recuerdos, ¡ay! de un tiempo que pasó
Aunque jamás tu corazón de hielo
Palpite en mi presencia estremecido,
Me es grato recordar que no has podido
Nunca olvidar nuestro primer amor.
Y si pretendes con tenaz empeño
Seguir indiferente tu camino...
Obedece la voz de tu destino
Que odiarme puedes; olvidarme, no.

Lord Alfred Tennyson




"Lágrimas, indolentes lágrimas"


Lágrimas, indolentes lagrimas, no sé qué significan:
Lágrimas que desde lo profundo
De alguna divina desesperación
Se alzan en la esencia del corazón,
y se reúnen en torno a los ojos
Al contemplar los alegres campos de otoño,
pensando en los días que ya nunca será.

Frescas como el primer rayo brillante sobre la vela,
Convocando a nuestros amigos del inframundo,
Triste como el último lamento agónico
Que se hunde en el abismo con todo lo que amamos.
Tan tristes, tan frescas, como los días que ya no serán.

Tristes y extrañas como los oscuros crepúsculos del verano,
Las primeras voces de las aves cantaron
Sobre los oídos muertos, junto a los muertos ojos
Que contemplan la mañana trepando sobre la ventana;
Tan tristes, tan frescos, como los días que ya no serán.

Amados como el recuerdo de los besos tras la muerte,
Y dulces como la indiferente fantasía fingida
Sobre aquellos labios que serán de otro;
Profundas como el Amor,
Profundas como el primer Amor,
Salvajes huellas de un pálido remordimiento.
Oh, amarga muerte en vida, ellas son el lamento
Por los días que ya nunca serán.

(Fotografía de: Steve McCurry)


3 de febrero de 2018

Edgar Allan Poe


"A Elena"


Te ví una vez, sólo una vez, hace años:
no debo decir cuantos, pero no muchos.
Era una medianoche de julio,
y de luna llena que, como tu alma,
cerníase también en el firmamento,
y buscaba con afán un sendero a través de él.
Caía un plateado velo de luz, con la quietud,
la pena y el sopor sobre los rostros vueltos
a la bóveda de mil rosas que crecen en aquel jardín encantado,
donde el viento sólo deambula sigiloso, en puntas de pie.
Caía sobre los rostros vueltos hacia el cielo
de estas rosas que exhalaban,
a cambio de la tierna luz recibida,
sus ardorosas almas en el morir extático.
Caía sobre los rostros vueltos hacia la noche
de estas rosas que sonreían y morían,
hechizadas por ti,
y por la poesía de tu presencia.

Vestida de blanco, sobre un campo de violetas, te vi medio reclinada,
mientras la luna se derramaba sobre los rostros vueltos
hacia el firmamento de las rosas, y sobre tu rostro,
también vuelto hacia el vacío, ¡Ah! por la Tristeza.

¿No fue el Destino el que esta noche de julio,
no fue el Destino, cuyo nombre es también Dolor,
el que me detuvo ante la puerta de aquel jardín
a respirar el aroma de aquellas rosas dormidas?
No se oía pisada alguna;
el odiado mundo entero dormía,
salvo tú y yo (¡Oh, Cielos, cómo arde mi corazón
al reunir estas dos palabras!).
Salvo tú y yo únicamente.
Yo me detuve, miré... y en un instante
todo desapareció de mi vista
(Era de hecho, un Jardín encantado).

El resplandor de la luna desapareció,
también las blandas hierbas y las veredas sinuosas,
desaparecieron los árboles lozanos y las flores venturosas;
el mismo perfume de las rosas en el aire expiró.
Todo, todo murió, salvo tú;
salvo la divina luz en tus ojos,
el alma de tus ojos alzados hacia el cielo.
Ellos fueron lo único que vi;
ellos fueron el mundo entero para mí:
ellos fueron lo único que vi durante horas,
lo único que vi hasta que la luna se puso.
¡Qué extrañas historias parecen yacer
escritas en esas cristalinas, celestiales esferas!
¡Qué sereno mar vacío de orgullo!
¡Qué osadía de ambición!
Más ¡qué profunda, qué insondable capacidad de amor!

Pero al fin, Diana descendió hacia occidente
envuelta en nubes tempestuosas; y tú,
espectro entre los árboles sepulcrales, te desvaneciste.
Sólo tus ojos quedaron.
Ellos no quisieron irse
(todavía no se han ido).
Alumbraron mi senda solitaria de regreso al hogar.
Ellos no me han abandonado un instante
(como hicieron mis esperanzas) desde entonces.
Me siguen, me conducen a través de los años;
son mis Amos, y yo su esclavo.
Su oficio es iluminar y enardecer;
mi deber, ser salvado por su luz resplandeciente,
y ser purificado en su eléctrico fuego,
santificado en su elisíaco fuego.
Ellos colman mi alma de Belleza
(que es esperanza), y resplandecen en lo alto,
estrellas ante las cuales me arrodillo
en las tristes y silenciosas vigilias de la noche.
Aun en medio de fulgor meridiano del día los veo:
dos planetas claros,
centelleantes como Venus,
cuyo dulce brillo no extingue el sol.


Fotografía: Ines Rehberger

Oliverio Girondo



"Se miran, se presienten, se desean..."

De su libro "Espantapájaros" (1932)


Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

Fotografía: Benoit Courti


Alfonsina Storni


"Alma muerta"


Piedras enormes, rojo sol y el polvo
alzado en nubes sobre tierra seca…
El sol al irse musitó al oído:
el alma tienes para nunca muerta.
Moviéndose serpientes a mi lado
hasta mi boca alzaron la cabeza.
El cielo gris, la piedra, repetían:
el alma tienes para nunca muerta.
Picos de buitre se sintieron luego
junto a mis plantas remover la tierra;
voces del llano repitió la tarde:
el alma tienes para nunca muerta.
Oh sol fecundo, tierra enardecida,
cielo estrellado, mar enorme, selva,
entraos por mi alma, sacudidla.
Duerme esta pobre que parece muerta.
Ah, que tus ojos se despierten, alma,
y hallen el mundo como cosa nueva…
Ah, que tus ojos se despierten, alma,
alma que duermes con olor a muerta…

Fotografía: Jarek Kubicki

Alfonsina Storni

"La caricia perdida"



Se me va de los dedos la caricia sin causa, 
se me va de los dedos... En el viento, al pasar, 

la caricia que vaga sin destino ni objeto, 
la caricia perdida ¿quién la recogerá? 

Pude amar esta noche con piedad infinita, 
pude amar al primero que acertara a llegar. 
Nadie llega. Están solos los floridos senderos. 
La caricia perdida, rodará... rodará... 

Si en los ojos te besan esta noche, viajero, 
si estremece las ramas un dulce suspirar, 
si te oprime los dedos una mano pequeña 
que te toma y te deja, que te logra y se va. 

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, 
si es el aire quien teje la ilusión de besar, 
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, 
en el viento fundida, ¿me reconocerás?


Fotografía: Cristina García Rodero


6 de enero de 2018

Jaime Sabines

"Espero curarme de ti"



Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se
 les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar"?, "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabias que decía "te quiero").

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. 
Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. 
No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. 
Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

(Fotografía de: Andre Kertesz)


Luis Cernuda

"Si el hombre pudiera decir lo que ama"



Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

(Fotografía de: Adrian Schiegl)

4 de octubre de 2017

Octavio Paz

"Decir, hacer"

Entre lo que veo y digo, Entre lo que digo y callo, Entre lo que callo y sueño, Entre lo que sueño y olvido La poesía. Se desliza entre el sí y el no: dice lo que callo, calla lo que digo, sueña lo que olvido. No es un decir: es un hacer. Es un hacer que es un decir. La poesía se dice y se oye: es real. Y apenas digo es real, se disipa. ¿Así es más real? Idea palpable, palabra impalpable: la poesía va y viene entre lo que es y lo que no es. Teje reflejos y los desteje. La poesía siembra ojos en las páginas siembra palabras en los ojos. Los ojos hablan las palabras miran, las miradas piensan. Oír los pensamientos, ver lo que decimos tocar el cuerpo de la idea. Los ojos se cierran Las palabras se abren.
(Pintura de: Eric Lacombe)