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5 de octubre de 2018

La gran enfermedad del amor

(The Big Sick) 2017                                                          Director: Michael Showalter                                                                        Reparto: Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Linda Emond, Vella Lovell, Bo Burnham, Aidy Bryant, Matty Cardarople, Adeel Akhtar, Anupam Kher.                                                                                                  Guión: Emily V. Gordon, Kumail Nanjiani.                                              Fotografía: Brian Burgoyne  

Alabadas y denostadas a partes iguales, el género de la comedia romántica es parte fundamental de la historia del cine a pesar que últimamente el genero ha sido maltratado por insulsas, artificiales y predecibles historias de "chico y chica se conocen, se enamoran, se pelean y finalmente se reconcilian". Este es el caso de "La gran enfermedad del amor", una película que puede parecernos una más del montón, pero si nos fijamos en los "pequeños" detalles esta película se siente única, fresca y auténtica. Podría haberse quedado en otra comedia romántica más pero las peculiaridades que le aporta la historia real, más el notable cuidado que han tenido con el guion para mantener el equilibro entre el humor y el drama, y un sensacional casting elevan este título muy por encima de la media.


Escrita por los protagonistas de la historia en la que se basa la película, Kumail Nanjiani y Emily V. Gordon, y protagonizada por el propio Nanjiani y Zoe Kazan (nieta del mítico director Elia Kazan). La película cuenta el complicado comienzo de una relación entre un conductor y monologuista inmigrante pakistaní y una chica americana. Entre ellos no hay en realidad ninguna diferencia cultural, pero Kumali no tiene el valor de contarle a su familia que sale con una chica blanca, que no reza y que tampoco está dispuesto a casarse con ninguna de las mujeres que su madre invita cada noche a cenar a casa.


Hasta ahí, podría ser cualquier otra película que ya hemos visto mil veces, pero la realidad supera a la ficción -nunca mejor dicho- y Emily cae en un coma inducido por una extraña enfermedad que ha contraído. Casualidades de la vida, es Kumail el que la lleva al hospital y el que acabará por quedarse por allí durante todo el tratamiento, aunque ella no sea consciente. Así no sólo conocerá a sus padres, que se instalan en el hospital para cuidar de su hija, sino que a través de ellos aprenderá que la vida de una persona es individual, única e intransferible, y por tanto las decisiones que afecten a su desarrollo las debe tomar esa persona.


La "invisible" dirección Michael Showalter se esfuerza tanto en ser lo más neutral y aséptica posible que se acaba volviendo invisible y deja absolutamente todo el peso narrativo a un buen guión y a unas muy notables interpretaciones (en particular a la excepcional y my querida Holly Hunte) y la pareja protagonista, claves para desarmar los prejuicios de género, y también de sexo, pues ambos, Kumail Nanjiani y Zoe Kazan, están muy lejos de lo cursi, y transmiten el latido de sus personajes con naturalidad, tan sencillos, tan culturalmente complejos. Ellos son el centro y la diana, pero sus contornos son formidables, y no sólo la sorprendente Holly Hunter o el filosófico Ray Romano, sino todo el extraordinario corte de secundarios.


El humor en "La Gran Enfermedad del Amor" es ingenioso, irónico y natural, nada sobreactuado, dotando de credibilidad a la película, debido a que es una historia que constantemente sucede en la realidad. Esa mezcla de comedia y drama, da muy buen resultado, ya que en la vida real, estos dos géneros rodean e intensifican nuestras experiencias del día a día.


Evidentemente, la película tiende a ser previsible y no hay nadie que no se espere el final, pero... ¿a quién le importa? "La gran enfermedad del amor" es una oda a la diversidad, a la herencia y la familia pero sobre todo a la identidad individual. Una sutil lección de vida que Gordon y Nanjiani han disfrazado de comedia romántica.




5 de junio de 2018

El profesor chiflado

(The Nutty Professor) 1963                                      Director: Jerry Lewis                                                                                        Reparto: Jerry Lewis, Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Norman Alden, Howard Morris.                                                              Guión: Jerry Lewis, Bill Richmond Fotografía: W. Wallace Kelley


Jerry Lewis, fue uno de los payasos más geniales de Hollywood. El hombre que presumió de haberse granjeado el éxito actuando como un gran idiota no tuvo nunca un pelo de tonto y tanto en sus interpretaciones como en su trabajo en la dirección y guión de algunas de sus películas destacó por su enorme talento para el humor, buena prueba de ello es "El profesor chiflado", posiblemente su mejor película y con la que le rendiremos su merecido tributo.
Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido el deseo de ser otro, alguien más guapo, más listo, más fuerte, alguien "mejor" en una palabra. Jerry Lewis hizo realidad ese gran sueño colectivo en "El Profesor Chiflado" al transformar al inofensivo, desvalido y ridículo Profesor Kelp en el definitivamente seductor Buddy Love. Pero Lewis se permitió también denunciar el horror posible de ese sueño... Porque ese Love, todo lo contrario que el amor que promete su nombre, es un ser egoísta, narcisista, agresivo e inhumano...en definitiva alguien odioso. Love materializa las fantasías y deseos reprimidos del tontorrón y caótico Kelp y desvela su terrorífica dimensión en el desesperado machismo que le hace ser absolutamente atractivo e infinitamente detestable. Kelp no ha hecho más que liberar el monstruo que todos llevamos dentro, el Hyde que anida en el corazón de Jekyll, tal y como lo describió Robert Louis Stevenson en su inmortal relato, del que "El Profesor Chiflado" constituye una inteligente e imaginativa versión.
A pesar de que pueda ser una película previsible; de fondo la cinta nos brinda un análisis –liviano obviamente- sobre las inseguridades y los complejos de inferioridad. Entre toda la variedad de muecas lewisianas aquí utilizadas, lo que aparece es una sátira sangrante de la sociedad norteamericana del momento, del culto a la belleza y al cuerpo. Además de esto, es una solemne y nada divertida lección humana: seamos cada uno nosotros mismos, crezcamos en nuestra estima, mostremos nuestra intransferible personalidad en todo momento y no aspiremos nunca a "teatralizar" lo cotidiano.
Lewis realiza su comedia más celebrada por su hábil acomodo de narración y comicidad. Podemos decir que, estilísticamente hablando, es hijo cinematográfico de Frank Tashlin. Su estilo recuerda mucho al autor de "Una mujer de cuidado" (1957). Sofisticados decorados, mucha luminosidad, colores chillones, estridentes y situaciones absurdas donde el hilo narrativo queda suspendido en favor de una serie de sus particulares muecas y gags absurdos y fantasiosos, como suele ser habitual en su cine. Lewis quiere hacernos reír de forma imparable, pero no es menos cierto que quiere, entre tanta carcajada elaborada, que pensemos.


"El Profesor Chiflado" es sin duda, la comedia cumbre del astuto Jerry Lewis. Su particular humor llegó a suscitar tantas críticas positivas como negativas, debido a su estilo cómico. De hecho, cultivaba un tipo de humor histriónico y rico en muecas que levanta disparidad de reacciones en el público, ya que no deja a nadie indiferente. Hay quién las encuentra graciosísimas y se ríen hasta que les entra flato y hay quién no le ve la gracia al asunto este del exceso gestual... 

Sea como fuere, Lewis hizo un arduo trabajo, logrando finalmente esta magnífica película que entró en la historia de la comedia; e incluso, no solo del cine, sino también en la historia de aquellos que habiéndola visto en su momento, guardamos muchos recuerdos felices que ya forman parte de nuestra memoria. Obviamente, el filme como ya he apuntado, no es mera risa. También busca revalorizar un concepto de sinceridad, de amor a lo genuino, esa idea de que lo más importante es ser uno mismo, sin añadidos, sin conservantes ni colorantes. Eso antes que fingir el éxito, la fama o buscar desaforadamente aspectos o cualidades que no forman parte de nuestra persona.






2 de mayo de 2018

Perfectos desconocidos ¿Quien viene a cenar esta noche?

Perfectos desconocidos (2017)                                            Director: Álex de la Iglesia                                                                                        Reparto: Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Pepón Nieto, Beatriz Olivares.                Guión: Jorge Guerricaechevarría, Álex de la Iglesia                              Fotografía: Ángel Amorós

Puede que con "Perfectos desconocidos" Álex de la Iglesia haya hecho su mejor y más "accesible" trabajo en su ya abultada filmografía, y más si tal afirmación viene de un tipo como yo que desde su estupendo corto "Mirindas asesinas" (1991) y "El día de la Bestia" (1995) viene pensando que sus "excesos" encajan mejor en un formato para un cortometraje. Con esto no quiero quitarle méritos a su carrera (ni mucho menos), pero pienso que sus arriesgados planteamientos y su peculiar estilo se pierde en cintas donde sus historias no dan para un largo.
Por eso me sorprende que Álex de la Iglesia haya cuidado sus excesos y se haya centrado es su más que demostrada versatilidad en los recursos de cámara y en su agilidad narrativa para introducirnos en el comedor donde cuatro parejas, amigos de toda la vida, se reúnen para cenar y, con la intención de evitarse el aburrimiento, deciden participar en un juego que implica colocar el móvil en el centro de la mesa y sin excepción alguna, leer en voz alta los mensajes y atender públicamente las llamadas el tiempo que dure la cena. Por supuesto, en esta variación del "Juego de la verdad" lo que terminará sobre la mesa no serán los móviles sino lo que en realidad estos representan: lo privado de sus vidas y la exhibición de sus secretos.


Bajo esta premisa y conforme avanza la cena entre los asistentes, se desarrollarán una cantidad de situaciones que se volverán cada vez más caóticas y que, gracias a un ágil y entretenido guión y el pulso firme de Álex de la Iglesia pondrá sobre la mesa una serie de temas tan actuales como el paro, la libertad sexual de las personas, la mentira, la infidelidad, el hartazgo, la desconfianza, el miedo, la insatisfacción o el resentimiento, para plantearnos preguntas como ¿Qué tan sincera es la relación con nuestros amigos o con nuestra pareja? ¿Cuánta confianza tenemos con ellos? Y, de haber de por medio una cantidad considerable de mentiras ¿Qué tan bueno sería enterarse de ellas?

                                                                                                                Con este planteamiento, el director se propone que el espectador tenga cada gesto, cada movimiento, cada guiño, cada punto de vista de todos sus personajes, y para ello coloca la cámara en este reducido entorno de mil y una maneras. Planos y más planos para que el espectador sea el único que tenga toda la información, y así jugar con cierta ventaja con respecto a sus propios personajes. De este modo logra dotar de un insólito dinamismo a un escenario teatral donde los actores despliegan todo su talento. Especialmente memorables son Eduard Fernández, Ernesto Alterio y Pepón Nieto, que propician el humor, la emotividad o el disgusto en una amplia variedad de situaciones.


En definitiva, "Perfectos desconocidos" se aleja de la visceralidad de los "esperpento" fallidos en obras como "Balada triste de trompeta" o "Muertos de risa" para presentarnos una ácida comedia negra sobre qué tanto creemos conocer a los demás y cómo llegamos a construir nuestras relaciones personales. Es lo que ofrece el más reciente trabajo de Álex de la Iglesia, en esta ocasión pone en la mesa un exquisito menú de actuaciones y diálogos que nos llevan de la hilaridad al llanto para dejarnos al final con un delicioso sabor de boca.


8 de abril de 2018

Suburbicón retratos de una sociedad no tan modélica

Suburbicón (2017)                                                                  Director: George Clooney   Reparto: Matt Damon, Julianne Moore, Óscar Isaac, Glenn Fleshler, Michael D. Cohen, Noah Jupe, Steve Monroe, Gary Basaraba, George Todd McLachlan.                                                          Guión: Ethan Coen, Joel Coen, George Clooney, Grant Heslov                            Fotografía: Robert Elswit

George Clooney y Grant Heslov, su guionista habitual recuperan un viejo guión de los hermanos Coen para contarnos una historia donde el odio, la ambición desmedida y la hipocresía se expanden por una pequeña comunidad que es la encarnación el sueño americano. Todo es perfecto en este idílico vecindario hasta la llegada de los Mayers, la primera familia afroamericana que amenaza el paz social y mental del resto de los habitantes. Todos están en contra de ellos, todos menos los Lodge cuyos problemas son de otro tipo.Gardner (Matt Damon), el cabeza de familia, sufre junto a su familia un robo con consecuencias mortales, y es a partir de entonces donde comienza todo el delirio salvaje de los Coen. Todo un retrato satírico de la sociedad, en este caso, se va viendo poco a poco que el famoso Suburbicon, no es tan idílico, y de ello se encargar de demostrarlo varios de sus habitantes, a través de sus engaños, violencia y traiciones, hay hueco incluso para el racismo.


Como ya demostrase en "Buenas noches, y buena suerte", acaso su cinta más lograda, George Clooney vuelve a visibilizar el realizador que lleva dentro y logra que la dirección de actores sea una de las señas de identidad de una película llena de aciertos, y no es el menor de ellos una cuidadísima ambientación (los colores, la música, el resplandor del cielo, las cortinas floreadas que ocultan el interior de las viviendas…) que nos instala en una entorno capaz de generar lo mejor y lo peor del ser humano. Clooney se esmera en cada uno de los detalles y se rodea de grandes actores y amigos. La puesta en escena es impecable, y el toque de los Coen se percibe a simple vista, pero el director carece de la mirada sarcástica y oscura de los hermanos, por lo cual uno siempre tiene la sensación de que le falta o sobra algo a la película.


Esto no quiere decir que sea una mala película. Si tras la cámara y el guión están los ya mencionados y en el reparto te encuentras al solido Matt Damon, la siempre convincente Julianne Moore, la divina naturalidad del joven Noah Jupe y la breve pero divertida aparición de Oscar Isaac, no se puede decir que no lo den absolutamente todo en el intento de dar un buen producto.


A nivel argumental "Suburbicon" explora dos planos muy distintos que hacen que la cohesión interna se resienta un tanto: por una parte tenemos un thriller doméstico y por otra un alegato en favor de la diversidad étnica, visto todo ello desde la óptica de un niño en principio ajeno a las mezquindades del mundo adulto. El enfrentamiento de estos dos mundo (o dos guiones) es donde se reciente un poco la película, por una parte tenemos el particular mundo de los hermanos Coen, escrito en los años 90, en el que una serie de desventurados personajes se veían condenados por sus decisiones... algo que viene siendo "su marca de la casa" y por otra parte el (escasamente desarrollado) problema racial que George Clooney intenta meter con más voluntad que acierto.


Pero dicho esto, La sátira hacia el sueño americano está servida y obviamente con ánimos de trazar paralelismos con la actualidad, algo que parece haber levantado ampollas en determinados sectores muy pero que muy conservadores. Puede que sea demasiado obvia en algunos aspectos, puede que "Suburbicon" este lejos de la perfección, pero es muy disfrutable con todos sus defectos.


Porque a pesar de la previsibilidad y los fallos de la dirección, (Clooney peca en el mal uso de la inteligente ironía y en su inútil capacidad para sorprender), "Suburbicon" consigue entretener y hacer del ridículo de algunas escenas su mayor virtud para hacer una historia de personas equivocadas que toman muy malas decisiones, haciendo del espectador parte del minuto a minuto en el devenir de una locura paranoica que se incrementa a medida que avanza el film. Porque sobre todo "Suburbicón" es un cuento de gente imperfecta que toma muy malas decisiones. O, dicho de otro modo, una decidida defensa de la verdad en una sociedad que, pese a las apariencias, hace bandera de la mentira.




17 de enero de 2018

El guateque

(The Party) 1968                                                          Director: Blake Edwards                                                                                    Reparto: Peter Sellers, Claudine Longet, Marge Champion, J. Edward McKinley, Natalia Borisova, Fay McKenzie, Jean Carson, Al Checco.                  Guión: Blake Edwards, Tom Waldman, Frank Waldman              Fotografía: Lucien Ballard

Más de una vez hemos acudido a la fiesta de Blake Edwards para alejarnos de nosotros mismos, de nuestros problemas y del mundanal ruido y con más motivo si todavía nos encontramos sumidos en la recuperación de un contumaz resfriado, por tal motivo la pasada noche me propuse ser fiel a la costumbre y me puse a ver "El guateque", una película aparentemente "superficial" pero terriblemente divertida. Todo en "El guateque" es una sublime tontería, pero resulta una película tan demoledoramente divertida, que nunca deja de sorprender, aun cuando nos hayamos muerto de la risa, muchas veces, con las torpezas del protagonista.

"El guateque" es la auténtica película de humor. Humor directo, sin estilo, sin tapujos, una película concebida para hacer reír por todos los mecanismos posibles... gags verbales, gags de visuales, slapstick y humor absurdo... cualquier forma es válida para una película que desde el minuto uno hasta el final te saca una carcajada de la boca.


El film en una suerte de carta de amor al slapstick, al humor mudo, a cierto tío de Tati y también, a la improvisación causada por un escueto guión de apenas 63 páginas y al que Peter Sellers, en su magnificencia le sacó todo el partido posible. Porque seamos sinceros, la grandeza cómica de esta película no hubiera sido posible sin la presencia del actor británico que la protagoniza. Se nos hacen inolvidables su actitud complaciente, sus movimientos y gestos de disimulo, pausados, exagerados, conscientes; sus miradas aumentadas por la sorpresa o el bochorno; o su gesto crispado cuando se ve enredado en una situación incómoda. Su entiznada figura arrastra durante la película todas las surrealistas situaciones que él mismo provoca o le vienen dadas, desde que cruza la puerta del piso hasta la gran bacanal espumosa de su desenlace. Son como pequeños cortometrajes que bien podrían ser independientes, y que no necesitan de una trama argumental ni para comprenderlos ni para justificarlos.

Pero más allá de su aparente simplicidad, su suave y plácida ironía, en "El guateque hay mucha más mala leche de la que aparenta. Es un rechazo categórico al conformismo, la frivolidad, la beautiful people, el poder y lo in. A la decencia de escaparate, la celebridad oportunista y lo políticamente correcto. Blake Edwards nos guía como cicerone de excepción a través de un mundo del que tiene mucho que objetar y que mostrar. Esta farsa cinematográfica, que es "El guateque", no deja de ser un pequeño tirón de orejas a la industria del cine, pero cubierta bajo el envoltorio de la comedia grotesca donde se deambulan ricos y famosos, poder y dinero, todos ellos ajenos a las torpezas de Peter Sellers y a la cómica, sobresaliente y genial actuación del camarero borracho (Steve Franken)


En definitiva, una película de la que podría seguir hablando, pero tampoco quiero contar todos los detalles, pues os animo a volver a verla, y sino la has visto, te invito encarecidamente a que la veas, y así poder disfrutar de un gran clásico con una sonrisa en la cara, y porque "El guateque es mucho más que una película. Es optimismo en estado puro, alegría de vivir que nace del absurdo, de un universo alocado que se sale de su psicodélica órbita para anclarse en nuestra memoria y ya de paso curarnos todos los males del cuerpo y el alma... Aunque solo sea por una horas.

- Tenemos un refrán en la India.
- ¿Si?
- Sí.
- ¿Bien?- ¿Bien qué?