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28 de mayo de 2019

Dejad paso al mañana

(Make Way For Tomorrow) 1937                                                                    Director: Leo McCarey                                                                                      Reparto: Victor Moore, Beulah Bondi, Fay Bainter, Thomas Mitchell, Porter Hall, Barbara Read, Dennis O'Keefe                                                                Guión: Viña Delmar, Helen Leary, Noah Leary                                                      Fotografía: William C. Mellor

Desgraciadamente la realidad de los ancianos en la sociedad occidental no siempre es la deseable: su exclusión como miembros útiles de la comunidad, la soledad y la autoreclusión doméstica son problemáticas que están irremediablemente unidas al sistema de vida contemporáneo y a la pérdida de valores sociales como el respeto por los mayores o la mayor cohesión de la unidad familiar.

Este abandono que sufre la tercera edad, propiciado en muchos casos por sus propios allegados esta magníficamente dibujado en "Dejad paso al mañana", un tierno y desgarrador relato sobre el amor crepuscular y la ingratitud filial realizado por Leo McCarey, un eficaz artesano que logro con este titulo uno de los mejores dramas de todos los tiempos, una película de 1937 que podría estar firmada en 2019, de una actualidad apabullante y que deja al espectador anonadado. Tan actual es el tema de "Dejad paso al mañana", y tan alta es su calidad, de cine humano y mirada clara, que con solo dos pinceladas serian insuficientes para expresar con rigor semejante monumento cinematográfico al amor duradero, la comprensión, la estupidez, la envidia, la humanidad, los celos, la ignorancia y la sabiduría, pero sobre todo, habla sobre la vejez como preámbulo a la muerte, tan segura de sí misma que nos da toda una vida de ventaja, el umbral que todos sin excepción cruzaremos, el paso que indica que todo se ha acabado.


Con una extraordinaria sensibilidad llena de humanismo Leo McCarey nos presenta a Barkley (Victor Moore) y Lucy Cooper (Beulah Bondi), dos ancianos que un buen día reúnen a sus tres hijos para darles una triste noticia: están arruinados y el banco va a quitarles su casa, no tienen dónde vivir. Por supuesto sus hijos deciden ofrecerles su apoyo, pero desgraciadamente ninguno de ellos tiene sitio en sus hogares para alojar a los dos padres, así que tendrán que separarse viviendo en casas distintas hasta que encuentren una solución. Pero los dos Cooper no se consiguen aclimatar a ese nuevo tipo de vida y se sienten desubicados al vivir separados después de toda una vida felizmente juntos.


Afortunadamente aquí es donde uno no puede hacer menos que inclinarse ante la maestría y sabiduría de McCarey por el resultado final. Durante más de 20 minutos, el director congela la acción en un tiempo muerto inusitadamente largo para el Hollywood de la época y se recrea en los últimos momentos de la pareja. Desde el punto de vista narrativo no sucede nada en esos minutos, pero se trata de una de las secuencias más tiernas y humanas de la historia de Hollywood. La pareja al principio no sabe bien qué hacer, pero poco a poco, cuando se acerca la hora de volver a casa, se van animando hasta acabar cenando en el hotel donde pasaron su luna de miel. Ahí todo el mundo les trata con amabilidad y cortesía, y ellos recuerdan los buenos momentos de su vida juntos mientras cenan y bailan. No se puede describir la belleza de estas escenas porque se apoyan de una forma decisiva en los dos actores, pero es uno de esos momentos de cine en estado puro, en que un director consiguió capturar magia con su cámara. Solo por estas escenas, "Dejad Paso al Mañana" merecería un lugar en la historia.


Posiblemente el tema de la vejez y del conflicto generacional, de esos pobres ancianos descolocados en un mundo que no entienden, no sea un tema especialmente atrayente para el público en general, pero el solvente Leo McCarey crea uno de los melodramas más tiernos, tristes y sinceros de su época. Porque la película es conmovedora y se presta a que el espectador derrame alguna lágrima, pero si algo se le debe reconocer es que está rodada con una sobriedad y un saber hacer impecables, huyendo de dramatismos tópicos y baratos e indagando en la profundidad de los personajes. Y es esa sencillez, esa sensibilidad, la razón por la que la película destaca por encima de otras (tal vez la inmortal "Cuentos de Tokio" de Yasujirō Ozu sea la única a la que se la pueda comparar ), pues tanto en la una como la otra la emoción llega en cuentagotas, pero poco a poco te acaba calando y al final es imposible no estar emocionado.

Leo McCarey realiza la que quizás sea su mejor película. Un claro ejemplo de cine clásico más puro: montaje invisible, máxima sencillez (en apariencia) en cuanto a planificación, movimientos de cámara suaves y elegantes, un guión solido como el acero, un desarrollo dinámico de la acción dramática mientras le ofrece todo el protagonismo a los actores y les permite desplegar su talento, se lucen especialmente los ancianos: Victor Moore haciendo de padre torpe y encantador, pero destaca por encima de todos una impresionante Beulah Bondi, que borda uno de esos personajes que se quedaran para siempre memoria de los espectadores que consigan verla.

¿Y que más puedo decir sobre esta sencilla, cálida y emotiva obra maestra injustamente olvidada? Solo me cave recomendar a todos aquellos que se aventuren a su visionado que permanezcan atentos al momento cumbre de la película, su tramo final, cuando tiene lugar la escena decisiva del film (aquellos que no quieran un spoiler dejen inmediatamente de leer esta crónica)... Barkley va a ser enviado al oeste, donde el clima es más benévolo y podrá recuperarse de una enfermedad, y Lucy va a ser ingresada en un asilo, pero antes sus hijos consiguen organizarles un encuentro de despedida. Aunque se supone que luego se reencontrarán, tanto nosotros como ellos sabemos perfectamente que no será así, y que ése va a ser el último encuentro de sus vidas.


En definitiva, como no sabemos hacia dónde nos conducirá el cine del mañana, les recomiendo, mientras tanto, que se refugien en el cine de ayer, del que "Dejad paso al mañana" constituye un inolvidable ejemplo de cine humano y de calidad que golpea la conciencia del espectador. Una de las grandes joyas ocultas del Hollywood clásico, una película que en su momento fue un previsible fracaso absoluto y que afortunadamente está siendo cada vez más reivindicada.


1 de marzo de 2019

Soñadores

(The Dreamers) 2003                                                  Director: Bernardo Bertolucci                                                                  Reparto: Michael Pitt, Louis Garrel, Eva Green, Robin Renucci, Anna Chancellor, Florian Cadiou.                                                                                Guión: Gilbert Adair                                                                                  Fotografía: Fabio Cianchetti


El pasado 26 de noviembre nos dejaba Bernardo Bertolucci, el ultimo emperador del cine italiano y un director nada ajeno a las polémicas entre arte, la política y la sexualidad en películas como "El conformista", "El último tango en París", "La luna" o la que nos ocupa hoy "Soñadores", una honesta y sentida declaración de amor al séptimo arte y al erotismo más carnal. Pero es también una película de espíritu rebelde que reflexiona sobre la juventud, la sociedad y la hipocresía. Ambientada en el convulso mayo del 68.
"Soñadores" es una historia de amor y sexo. Libre, puro, amorfo, al margen de convenciones y esquemas sociales. Matthew (Michael Pitt), un tímido estudiante norteamericano maravillado con el estilo de vida parisino, habla de amor cuando conoce a sus dos nuevos amigos, los hermanos Isabelle (Eva Green) y Theo (Louis Garrel), con los que siente una conexión especial. Lo que empieza como una relación de amistad nacida por el común interés por el cine, evoluciona a través de una serie de juegos en una triangular relación amorosa y sexual. En un principio, Matthew parece inexperto e ingenuo comparado con la cosmopolita e intelectual pareja que forman Theo e Isabelle. Sin embargo, poco a poco Matthew se revela como la persona más madura e intuitiva de las tres, ya que los hermanos se hayan atrapados en una relación de dependencia incestuosa que les impide madurar y avanzar mientras se sumergen en una vorágine de emociones de la que el espectador tiene claro que no será capaz de escapar.


Pero ante todo "Soñadores" resulta tan fascinante porque Bertolucci plantea la cuestión de la ruptura de los límites en todas sus vertientes, los límites de la obediencia al orden establecido y su rebelión en Mayo del 68, los límites de la sexualidad que excluyen lo intrafamiliar de la cuestión del goce, y los límites de la propia existencia que se expanden en esta genial película que no deja a nadie indiferente. "Soñadores" es una película que debe ser vista por su sensibilidad, por sus interminables vueltas de tuerca, por la solidez del argumento y por la bellísima Eva Green; es como un viaje a través del cambio físico, un desarrollo sublime de cuestiones más serias de lo que parece.


Pero el interés por el cine, junto con el contexto histórico, no son más que elementos para justificar la actitud romántica de los protagonistas -incluyendo su libertinaje-, los cuales también rezuman frivolidad por todos los poros: Su lucha se manifiesta, irónicamente, entre cuatro paredes. De esta manera, Bertolucci nos muestra la revolución desde la mirada de una acomodada clase burguesa que bebe vino Château, lo cual puede provocar cierto rechazo en el espectador hacia unos jóvenes culturetas, que parecen entender y apoyar, pero apenas se implican.


Estos juegos entre los tres y la manera como cambia y evoluciona la relación hacen que el film sea un interesante y obsesivo drama. Es este retrato de Matthew, Theo e Isabelle lo que hace que la película valga la pena de ver y de hacernos gravar en letras de oro una de las mejores y más sincera declaración de amor al cine.


"Me convertí en un miembro de lo que en aquellos tiempos se consideraba una masonería. La masonería de los cinéfilos, los llamados fanáticos del cine. Yo era uno de esos insaciables, de los que se sentaban lo más cerca posible de la pantalla. ¿Por qué nos sentábamos tan cerca? Quizá porque queríamos ser los primeros en recibir las imágenes cuando aún estaban frescas y nuevas, antes de atravesar las filas a nuestras espaldas, antes de que tuvieran que pasar de fila en fila, de espectador en espectador, hasta que gastadas, de segunda mano, con el tamaño de un sello de correos regresaran a la cabina del operador".



24 de noviembre de 2018

Los amantes

(Les amants) 1958                                                                                      Director: Louis Malle                                                                                Reparto: Jeanne Moreau, Alain Cuny, Jean-Marc Bory, Judith Magre, Gaston Modot, José Luis de Vilallonga, Michèle Girardon.                            Guión: Louis Malle, Louise de Vilmorin                                            Fotografía: Henri Decae


Son varias las razones para volver a ver "Les amants" de Louis Malle; porque este mes se cumple 60 años de su estreno; por el irrenunciable placer de ver la dura y carnal belleza de la gran Jeanne Moreau; por la magnífica fotografía de Henri Decae y la última y no menos importante razón es que tal día como hoy nacía el camarógrafo, guionista, documentalista y director de cine francés Louis Malle, un transgresor e impertinente realizador, que abordaba sus trabajos desde el ataque a todo lo establecido, y con una predilección por el retrato de las mujeres como eje de las relaciones humanas.
La película nos narra la historia de aburrimiento e insatisfacción de Jean Tournier (Jean Moreau), casada con Henri (Alain Cuny) un frío, distante y desatento propietario de un diario de provincias. Para divertirse viaja a París con frecuencia, donde se hospeda en casa de su amiga Maggy (Judith Magre) y se entretiene con un playboy español, jugador de polo, Raúl (J.L. de Vilallonga). Sin embargo, pese a su doble vida Jeanne sigue insatisfecha, pero todo cambia cuando un día se le estropea el coche en uno de sus trayectos entre la capital y el campo y un joven la ayuda a llegar a su hogar. Este breve encuentro le hará recapacitar y plantearse la posibilidad de comenzar de nuevo su estilo de vida.

La dirección condensa en 88 minutos un relato cargado de sugerencias memorables, para mostrarnos los prejuicios, la hipocresía y la mediocridad que caracterizan a la alta burguesía del momento a la vez que denuncia la inconsistencia de sus convenciones sociales, su doble moral y el papel de sometimiento al que relega a la mujer. Aboga por la igualdad de géneros. Crítica, con recursos tan sutiles como expresivos, la falsa fidelidad, la descalificación de la seducción femenina o la separación del deber conyugal y el placer. 

El guión incorpora unos diálogos escritos con maestría, que dan vida a un argumento sencillo y potente. La interpretación da paso al protagonismo de Jean Moreau, cuya expresión corporal es antológica. Protagonizando uno de los momentos más destacados de sensualidad, erotismo y pudor, de la historia del cine. 


Todo ello envuelto en la elegante fotografía del ya citado Henri Decae que nos ofrece todo un recital de imágenes que desbordan elegancia, realismo y belleza visual. La iluminación es magistral y la cámara acaricia las imágenes con pudor y suavidad.

En definitiva y tal como dijo el gran François Truffaut, "Los amantes" es "un film apasionante. No es una obra maestra porque le falta un poco de genialidad, pero tiene una libertad, una inteligencia, un tacto, absolutos y un sabor excelente. Se va desarrollando con la espontaneidad de las películas antiguas de Renoir, es decir, experimentamos la sensación de ir descubriendo las cosas a la vez que el cineasta, y no antes o después de que él".




16 de noviembre de 2018

El cuento

The Tale (2018)                                                                                                  Director: Jennifer Fox                                                                                      Reparto: Laura Dern, Isabelle Nelisse, Jason Ritter, Elizabeth Debicki, Ellen Burstyn, Jaqueline Fleming, Matthew Rauch, Rebecca Chulew, Thom Bishops, Scott Takeda...                                                                                            Guión: Jennifer Fox                                                                                          Fotografía: Ivan Strasburg    


Con una sorprendente capacidad de tratar sin estridencias y sensacionalismo un tema tan espinoso como el abuso de menores, la documentalista y ahora directora Jennifer Fox nos abre literalmente las puertas de su corazón y de su vida en este desgarrador relato autobiográfico que le permite sacar los sentimientos que ha reprimido desde que ésta era una adolescente de 13 años.

Una excelente Laura Dern es quien da vida a la directora en la pantalla, y quien nos lleva de la mano a través de este revelador filme. Luego de que su madre, interpretada por Ellen Burstyn, encuentra un perturbador cuento que escribió cuando ésta era apenas una adolescente, la protagonista comienza a revivir un difícil y doloroso capítulo de su vida en el cuál fue víctima de abuso sexual por parte de su entrenador deportivo. El viaje nos lleva al verano de 1973, en que la pequeña Jennifer (Isabelle Nélisse) de ya unos 13 años, llega a un campamento para aprender la equitación de la hermosa e intrigante Mrs G (Elizabeth Debicki), una mujer casada que se encarga de entrenar a las niñas en compañía de Bill (Jason Ritter) un ex deportista divorciado y más cercano a los 40 años. Al conocerlos, ella se siente de inmediato atraída por lo adultos y maduros que son ya que tiene ese deseo enorme de sentirse mayor, pese a que tristemente para ella, sigue viéndose como una niña.


Reencontrada con un pasado que había logrado aislar con cierto éxito en una esquina de su cabeza, Jennifer se decide a volver a explorar los hechos, partiendo primero del cuento que escribió en su día para sobrevivir a lo sucedido y echando mano después de fotos, cartas y declaraciones de gente que la rodeaba en aquel momento. Todo ello contado de una manera cruda pero honesta. 


La película se despliega como un constante ir y venir entre el pasado y el presente para tejer una de las miradas más atrevidas, certeras e incomodas sobre la pederastia y los abusos sexuales gracias a su fluido guión y al gran dibujo de personajes brillantemente interpretados por la ya mencionada Laura Dern como alter ego de la propia Fox, y el talento que exponen la joven Isabelle Nelisse y Elizabeth Debicki, con un personaje fascinante y ambiguo.


La directora y guionista Jennifer Fox nos muestra su dura y cruda visión sobre el abuso, el trauma, y el poder de la memoria. La experiencia de Fox como documentalista influye de manera eficiente en el abordaje de esta historia sobre tragedias enterradas, que suena refrescante y nuevo. Para ello, Fox usa una narrativa veloz, elegante y muy inteligente para contar su historia, incluso haciendo una especie de entrevistas falsas a los personajes del pasado. Nada evitará que tanto la protagonista como los espectadores nos enfrentemos en algún momento a realidades y escenas duras de ver y sentir al recordarnos que con estos temas y estos tiempos, es vital nunca dejar de mirar para poder hablar y sobre todo reflexionar.


La realizadora da un paso al frente al contarnos su vida, e invitándonos a que la acompañemos en este viaje de retrospectiva, pero también, de reconciliación, con ella y sus traumas, su familia y por sobre todo. su historia, porque esto es como ella lo recuerda. 


Se requiere de mucha valentía para que alguien haga lo que Jennifer Fox realiza en "The Tale". Que alguien abra su corazón y comparta una experiencia tan personal y tan sensible con el resto del mundo es digno de admiración y de respeto. "The tale" no puede, y no debe perderse entre la ingente oferta de las grandes producciones cinematográficas, es demasiado buena. 


"The Tale" es una de esas joyas imperdibles que se agradece al terminar de verlas, se agradece que sea arriesgadas y que no teman abordar temas fuertes y complejos, pues permite a muchos quitarse velos que luego cubren sus rostros, y permite ver una cruda realidad que azota al mundo entero. De los mejorcito de este agonizante 2018.



6 de octubre de 2018

Secreto tras la puerta

(Secret Beyond the Door) 1947                                                                      Director: Fritz Lang                                                                                          Reparto: Joan Bennett, Michael Redgrave, Anne Revere, Barbara O'Neil, Natalie Schafer, Paul Cavanagh, Anabel Shaw, Rosa Rey, James Seay.          Guión: Silvia Richards                                                                                      Fotografía: Stanley Cortez


Alejada de la habitual magnificencia de sus obras maestras "Secreto tras la puerta" posee los suficientes elementos para merecer un mayor reconocimiento y así dejar de ser considerada como una vulgar revisión de "Sospecha", de Alfred Hitchcock, o como un tópico melodrama psicoanalítico con las preceptivas gotas de suspense. Cierto es que tanto el propio autor como la crítica del momento la consideraron un título menor, sin embargo, propone un apasionante ejercicio de fabulación que remoza la estructura del relato gótico.

Acompañados por la siempre eficaz música de Miklös Rözsa, una excelente fotografía de Stanley Cortez "El cuarto mandamiento" (1942), "La noche del cazador" (1955), " Las tres caras de Eva" (1957) y "Corredor sin retorno" (1963), (a pesar de eso, Lang no aprecio su trabajo) y el montaje de Arthur Hilton ponen de relieve esta extraña atmósfera al límite entre cine negro y fantástico.


Cierto es que tanto el propio autor como la crítica del momento la consideraron un título menor (quizá por sus referencias demasiado explícitas a "Rebeca" (Alfred Hitchcock, 1940), obra por la que Lang nunca escondió su admiración) o porque en esta película, el maestro se sometió más que nunca a los dictados de la productora, pero como el buen vino, los años han jugado a su favor pese a estar lastrada por un inverosímil guión que se adentra en los abruptos acantilados del psicoanálisis tan de moda en aquella época, lo cierto es que "Secreto tras la puerta" es la típica construcción de un personaje central marcado por una crisis mental, pero bien envuelta en una dirección artística y técnica propias del más genuino cine negro y el expresionismo alemán para presentarnos con un soberbio preámbulo la historia de la bellísima Celia Barrett (Joan Bennett), una rica heredera que para superar la muerte de su hermano viaja a México. 


Allí, mientras valora casarse con el abogado de su difunto hermano buscando seguridad en su vida se cruzará con un hombre, el enigmático arquitecto Mark Lamphere (Michael Redgrave), de quien se enamorará al instante sintiendo un profundo magnetismo que culminará en una repentina boda. Pero al mudarse a la magnífica mansión de Mark, Celia empezará a desvelar algunos aspectos del pasado de su marido que encierran un terrible misterio.


La primera secuencia, en México, marca por sí sola la calidad de la firma de Lang: el ritmo, los juegos de luces, la dirección de actores crean una atmósfera que da a la obra un arranque con una originalidad que se mantiene a lo largo de las secuencias siguientes. En Méjico, Celia asiste a un espectáculo sorprendente: dos hombres con puñales luchan a muerte por una mujer. A la brutalidad y la violencia de lo que ve, Celia, fascinada, añade con su voz en off la posibilidad de otra presencia, la que siente cerca, fuera del campo de la cámara: un hombre que no mira el combate sino a ella, un hombre que busca su mirada, mientras Celia siente esta presencia como la posibilidad de un irresistible abismo.


Con escenas como esta, Lang demuestra su contrastada maestría para mutar de la vertiente romántica al relato de misterio más descarnado, hasta desembocar en un clímax a todas luces inesperado y (todo hay que decirlo), un poquito artificial. Pero sus suaves movimientos de cámara, los insertos encargados de remarcar algunos detalles clave, su extraordinario dominio de la luz (el protagonista tiende a estar cubierto en tinieblas, frente a una Celia situada en zonas más iluminadas, en sincronía con su personalidades) o su majestuoso barroquismo, son aspectos que bien merecen ser considerados para una mejor clasificación entre las obras del director austriaco.


En definitiva, puede ser un título menor del gran director y el trabajo más hitchcockiano de su filmografía, pero la maestría del director austriaco convierten este film en un suculento híbrido entre el misterio, el thriller, el terror…y una de las historias de amor más turbulentas y más próximas a la locura más absoluta, reflejadas nunca en la gran pantalla.